
Los niños ríen alrededor de 200 veces al día, los adultos sólo entre 15 y 20, y no por incapacidad, sino por falta de ocasiones propicias, y sobre todo por exceso de problemas. Pero no cabe duda de que la cuota debería aumentar, pues con cada risa se activan más de 400 músculos, se aumenta la capacidad pulmonar, se oxigenan los tejidos, baja la presión sanguínea, se alivia el estreñimiento, se libera adrenalina, se levanta la autoestima y se reducen el estrés y el miedo.
Por eso no es conveniente escatimar una sola risa, y mucho menos si son carcajadas.
Además, no se necesita mucho: basta ser testigo de situaciones que diluyan las máscaras sociales, que pongan en ridículo a alguien, o inclusive a uno mismo, como ocurre en algunos chistes, ya sean de corte feminista o machista, de borrachos, de sexo; de lo que sea es bueno, porque la base de un chiste es que haya una abrupta ruptura de una situación lógica mediante el efecto sorpresa.

